Deporte y silencio: cuando la disciplina encubre la violencia
Más del 20% de las mujeres han sufrido algún tipo de abuso sexual en el ámbito deportivo. La cifra, citada en el Senado, rompe el mito del deporte como territorio intocable de valores, medallas y discursos motivacionales.
La Comisión para la Igualdad de Género aprobó una iniciativa impulsada por la senadora Virginia Magaña Fonseca para reconocer y atender la violencia contra mujeres y niñas en espacios deportivos. El dictamen busca visibilizar una realidad que durante años se movió entre vestidores cerrados, jerarquías incuestionables y el mantra del “aguanta si quieres triunfar”.
Porque detrás del alto rendimiento también han existido acosos, hostigamientos, castigos desproporcionados y silencios obligados. La línea entre exigencia y abuso —dicen especialistas— suele borrarse cuando quien manda también evalúa, selecciona y decide carreras.
La legisladora sostuvo que no se trata de casos aislados, sino de una práctica estructural que reproduce relaciones de poder desiguales en entrenamientos y estructuras directivas. Traducido: no es la excepción, es el sistema.
El dictamen ahora deberá pasar al pleno. Si prospera, el Estado asumiría con mayor claridad la obligación de prevenir y sancionar estas conductas. Falta ver si la unanimidad que se anticipa en tribuna se traduce después en protocolos reales y no en otra medalla discursiva.
Porque la excelencia deportiva no debería construirse sobre el miedo. Y porque, aunque incomode, el deporte también tiene pendientes que no se resuelven con aplausos.
